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El Testamento Ético

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Cervantes y Sancho Panza Bioetica Juridica
¿Acaso no son símbolos de testamentos éticos: la Tora, la Biblia y el Corán?
Por: Gregorio A Cejas

Cuando inicié la carrera de abogado y recibí el ajuar de libros por asignaturas, me llamó poderosamente la atención, el hecho de que la materia de Derecho Civil, quintuplicaba el volumen de textos, en comparación con las demás asignaturas que conformaban los Estudios de Derecho. Muy pronto me llegó la explicación, el Derecho Civil General, es quien define desde el punto de vista jurídico, al ser humano como persona, como personalidad y como ciudadano, le otorga sus derechos patrimoniales y no patrimoniales, y le protege, en su interactuar con el resto de los diferentes elementos que conforman la sociedad, incluyendo las relaciones que establece con la familia propia y con el estado.
En nuestros días, el Derecho Civil, amplio y abarcador, se ha subdivido para su estudio e instrumentación en varias ramas como son Mercantil, Publico, Familia, Niñez, y Sucesiones, entre otras. Es precisamente de uno de los estamentos del Derecho de Sucesiones al que me quiero referir, al derecho de la persona de testar y legar voluntades cuando ya no se está presente, pero debo aclarar antes, que no es del derecho de testar, tradicional y usual previsto en todos los ordenamientos jurídicos, mediante el cual el ciudadano tiene la capacidad de disponer o no, una vez fallecido, el destino de su patrimonio material, convertido ya en herencia, no, no es esta la figura jurídica que me ocupa, sino que me quiero referir, al derecho de testar y de legar voluntades sobre el patrimonio inmaterial o espiritual del ciudadano, es decir al llamado Testamento Ético.
Fíjense en la importancia que le brinda el Derecho a la protección de la herencia (material), que la Ley protege le proceso sucesorio, y para ello dispone la liturgia del testamento, limita sus facultades, lo reglamenta al detalle y dispone además que en el proceso sucesorio donde no exista un testamento literal o un acto legal que recoja la última voluntad del difunto, los procedimientos ejecutorios y los mecanismos para solucionar los conflictos que se puedan generar en la distribución de dicha herencia, conflictos muchas veces dolorosos y bochornosos, que deterioran y hasta anulan las relaciones interpersonales y familiares para siempre; sin embargo, hasta donde yo conozca, la normativa civil actual en la mayoría de los estados, no plasma en las legislaciones civiles generales o en las sucesorias especificas, ninguna referencia al establecimiento y a la protección del Testamento Ético de la persona. Es más, podemos afirmar, que el Testamento Ético es un instrumento jurídico civil obviado, obsoleto, desusado y del cual la mayoría de los ciudadanos, desconocen su historia e importancia, además de su vínculo con la salud mental y la calidad de vida del ser humano.
Es que el Testamento Ético es un asunto escabroso y nada fácil, de re-instrumentar en nuestra sociedad con una clara tendencia al materialismo consumista y a la disgregación familiar. Es un hecho que para la mayoría de los ciudadanos el ser parte de un legado testamentario (material) constituye un reconocimiento moral y económico. Para otros son obligaciones indeseadas y compromisos sociales para los que no están preparados, pero como lo que se recibe es patrimonio material con un determinado valor, casi siempre son bienvenidos. Es un hecho que para testar y legar hay que poseer un patrimonio, si no se poseen bienes de cierto valor, pues no hay herencia que repartir, la partida es común y muchas veces hasta desapercibida para la mayoría de los conocidos y familiares cercanos. Es doloroso, pero es el mundo de hoy.
Hace unos días visite a un viejo amigo a quien le había fallecido la madre una semana antes. Había depositado la pequeña urna de color negro, con las cenizas de su progenitora sobre un mueble; escoltaban la modesta cajuela, un sobre blanco con los documentos de la occisa, una copa llena de agua cristalina y un oloroso y luminoso candil con la poli-cromática imagen de su Santa Patrona. Me confesó que la última voluntad de su madre, sin patrimonio alguno que testar o legar, había sido que sus cenizas fueran llevadas al panteón familiar en su país de origen. Me contaba mi amigo que si las enviaba por correo aéreo, el costo sería de unos 2000.00 dólares, pero si las llevaba en su equipaje de mano no tendría que pagar nada por su traslado, por lo que la última voluntad de la madre, que por suerte, no estaba supeditada a plazo alguno, tendría que esperar unos seis meses para ser cumplida. Hay un filme cubano titulado ´Los sobrevivientes` de Tomas Gutiérrez Alea, donde una familia ante una disyuntiva similar, decide enviar las cenizas de una difunta, en un paquete de sopas deshidratadas, desde Miami hacia La Habana, para ahorrarse el fastuoso costo del casi imposible envió de paquetes en aquellos años 70, pero lamentablemente, el paquete llega primero que la carta aclaratoria, y la familia en la isla, confusa y hambrienta, se ha tomado en sopas los restos de la fallecida. Es un ejemplo grotesco y desagradable, pero es una muestra de cómo influyen a veces, en el cumplimiento de los actos de última voluntad de las personas, los acontecimientos políticos y económicos vigentes. En la mayoría de las legislaciones civiles occidentales, al cadáver de una persona fallecida se le considera como una cosa, la familia ostenta el 50 % de la titularidad sobre esa cosa y el estado la otra mitad. Ambos dueños, tienen que someterse, en el tratamiento del cadáver-cosa, a lo dispuesto en las legislaciones sanitarias complementarias de la Ley General, pero observamos que con relación a las cenizas de lo que fuera un ser humano, no está legislado nada, por lo que, quien las posea se presume su propietario y puede hacer con ellas su voluntad, puede enajenarlas, tirarlas, o abandonarlas a su arbitrio, sin incurrir en delito alguno, es por ello que como norma, en la petición de actos de última voluntad, las personas que piden ser incineradas, definen además el destino final de sus cenizas, esta petición, forma parte del Testamento Ético de los ciudadanos.
Es cierto que para que se constituya el Testamento Ético, ese acto milenario en desuso en nuestros días, el testador tiene que poseer determinados valores éticos que le provean de una elevada y respetada autoridad, necesaria esta, para que sus peticiones volitivas sean acatadas y cumplidas de manera incondicional por los destinatarios, cuando el testador ya no esté presente, consciente de que ninguna Ley, protege lo éticamente testado. Pienso que a diferencia del otro testamento, del patrimonial-material, la gran mayoría de los seres humanos somos dueños y portadores de un gran patrimonio ético, formado por el conjunto de valores, consejos, experiencias, enseñanzas y sabias peticiones, que podemos legar a nuestros descendientes, para que vivan una vida digna y saludable. Las ciencias dedicadas al estudio de la vejez, como la gerontología y la sicología, fundamentan como el ser humano al final de sus días siente una gran necesidad de comunicarse con sus allegados, muchas veces nuestras obligaciones y la falta de tiempo nos alejan de nuestros seres queridos cuando más nos necesitan y se marchan en silencio, sin susurrarnos las frases que para nosotros han preparado durante tanto tiempo. Si les damos la oportunidad a nuestros mayores de legarnos su testamento ético, si les otorgamos ese antiquísimo derecho universal, les estamos demostrando que sus vidas han sido relevantes, y que aunque no tengan ningún o muy poco patrimonio material que legarnos, para nosotros, son y serán seres muy importantes y que no han vivido en vano. No olvidemos jamás, que cuando se nos muere un anciano, es como si se quemara una biblioteca.

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Autor: instituto salud y saber.inc

Antonio Armas Vazquez. Doctor en Filosofia (Cuba 1990) Especialista en Terapias Naturales (EEUU. 2000) Presidente del Instituto Salud y Saber,Inc

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